[Publicado originalmente en Hora Hispana publicación en español del New York Daily News]
Nueva York, Febrero 20 de 2010 – El bangladesí Mohammed Zaman y el chileno José Pérez tienen varias cosas en común: ambos son inmigrantes; venden libros en español en la avenida Roosevelt en Jackson Heights; sus clientes compran más libros de auto ayuda y superación que obras literarias; y ambos saben que su negocio callejero está en declive.
Pero si hay algo que los diferencia, según Pérez, es el conocer a fondo el material que venden. Y eso es lo que él resalta cuando se le compara con Zaman.
Mientras librerías como Lectorum o Macondo en Manhattan capitularon en mantener a flote el negocio de libros en español, hispanos como Pérez continúan librando esa batalla en las calles de Queens. Esto aunado a la feroz competencia de inmigrantes proveniente de India por controlar un negocio en el que los libros de auto ayuda y superación desplazaron hace tiempo a las obras literarias.
“Cuando un cliente me pedía Cien años de soledad de García Márquez, el indio anotaba el título y después se lo pedía al distribuidor”, relata Pérez refiriéndose al continuo rifirrafe que mantuvo con Zaman en 1997 cuando sus mesas estaban contiguas en la calle 90 y la avenida Roosevelt.
“Me copió todo”, agrega Pérez, oriundo de Santiago de Chile y quien asegura que fue el primer vendedor en llegar a la ‘90’ en 1994. “Se meten y te copian todo. Nunca le ayudé o hablé. Le decía que se mantuviera en su área”.
Hoy día Pérez opera si puesto de venta de libros en la esquina de Junction Boulevard y la avenida Roosevelt, donde a pocos metros de él se ubicó hace poco tiempo una vendedora de libros de origen indio. Él dice no tener problema con que los indios trabajen en su mismo ramo, sino con la improvisación. “Lo que quieren es hacer dinero rápido sin saber de libros en español”.
Sin embargo, Zaman tiene una versión diferente sobre la disputa. Dice, en un español rudimentario, haber llegado a la ‘90’ en 1991, mucho antes que Pérez, a quien considera su amigo. “Él y Ramón (Caraballo, dueño de la librería Barco de Papel, ubicada cerca de la calle 80 y avenida Roosevelt) me ayudaron mucho al principio. Me fiaron libros en español, y si no los vendía se los devolvía”.
A pesar de la economía, Zaman espera que este año todo mejore. Y aunque dice no importarle si vende libros de literatura o auto ayuda, su mesa tiene un surtido abundante de estos últimos. “Los libros sobre cómo montar un negocio se venden bastante, los buscan mucho los hispanos”.
El chileno Pérez, quien denota una extensa cultura literaria al hablar, trabajó por muchos años en una librería en Santiago antes de venir a Nueva York y darse cuenta que “es complicado vender literatura en un país mercantilista como éste”.
Aunque preferiría tener en su mesa autores como Juan Rulfo, Pablo Neruda o César Vallejo, lo que más vende son los libros de Donald Trump, Louise Hay o Paulo Coelho.
“La gente no quiere leer, prefiere el audio libro. Vienen a Estados Unidos con la idea que se van a hacer ricos”, dice, y agrega que quiere regresar pronto a Chile donde se encuentra su esposa, pero no quiere venderle el negocio a ningún indio sino a un hispano.
“La calle es dura”, exclama cubano Ramón Caraballo, desde el interior de Barco de Papel. “En los años 90 la Roosevelt era peor, mucho más hostil”.
Caraballo, quien vendió libros en la calle por años mucho antes que Pérez y Zaman, es directo al responder por qué los libros de auto ayuda abundan allí: ¿Qué vas a poner en ocho pies cuadrados?, lo que más vendas”.
“El punto no es que los hispanos no leen literatura”, dice, “sino que la lectura depende de las necesidades. Muchos hispanos están solos en este país, desarraigados, con problemas, y en los libros de auto ayuda encuentran de alguna manera la respuesta”.
Caraballo resalta, sin embargo, que el asunto no es tan obvio: “El problema es que las editoriales no impulsan escritores hispanos. Todo depende de los libros que eligen promocionar, como los de auto ayuda, traducidos del inglés. Pero muchos son basados en problemas de los estadounidenses. Es otra realidad”, dice.
En cuanto a la controversia entre hispanos e indios por copar espacios en la calle, Caraballo prefiere mantenerse al margen, quizá porque unos u otros pueden ser sus clientes en un momento dado. “Las mesas en la calle cumplen una función”, dice, “y más ahora que las librerías en español son casi inexistentes”.
A José Ignacio Valenzuela, escritor chileno radicado en Puerto Rico, y autor de “Al filo de tu piel” y “Con la noche encima”, entre otras novelas, el género de auto ayuda le produce sospechas y resquemores. Sin embargo, entiende su demanda. “Actualmente el ser humano necesita certezas, respuestas, y la literatura genera preguntas, incertidumbres”, dice. “Los lectores optan por textos de fácil digestión, y las editoriales sacan a la calle lo que la gente pide”.
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