El brasileño Fernando Meirelles director de Ciudad de Dios y de la actualmente galardonada The Constant Gardener, con el paso de los años ha ido enfocando su mirada en temas que reflejan la desigualdad social y cómo esta afecta el desarrollo todo ser humano en cualquier punto del planeta. Ese es el tema principal de The Constant Gardener la película que lo tiene a las puertas de una nueva nominación al Oscar, y donde explora en profundidad los negocios turbios que hacen las compañías farmacéuticas en África, Europa y Canadá aprovechando la imparable epidemia de Sida que afecta a uno de cada seis habitantes en el continente africano.
Filmada en siete países de África y Europa, y acertadamente protagonizada por Ralph Fiennes y Rachel Weisz, The Constant Gardener es una adaptación cinematográfica del libro que lleva el mismo nombre escrito por John LeCarre y basado en hechos reales que LeCarre investigó en su momento y por presión de las farmacéuticas multinacionales tuvo que mantener en reserva y manejar con mucho tacto antes de públicarlo. La estupenda dirección de fotografía del uruguayo César Charlone resalta el paisaje y la realidad de una Kenia hasta ahora poco conocida, y que nos adentra a un mundo donde ni la esperanza será suficiente para aliviar la crisis de un continente que se sumerge en la miseria y la desesperación.
Meirelles, quien no es muy dado a conceder entrevistas, habla en un hotel de Manhattan sobre su vida, su inesperado enganche en la dirección de esta película, su visión del mundo desequilibrado en el que vivimos hoy día, y su deseo de regresar pronto a su natal Brasil para continuar contando las historias que le conciernen más como habitante de una Latinoamérica en desarrollo.
Domesticas, su primera película, ¿fue ese su inicio en el cine de corte social?
Domesticas tiene este trasfondo social que está presente en toda América Latina, pero es igual a Ciudad de Dios. Es sobre la vida de los personajes, sobre su psicología. No es una película sobre la situación social de un país. Es más sobre la vida de sus habitantes. Lo mismo pasa con Ciudad de Dios, parece una película social pero cuando la empiezas a ver te interesas más sobre la vida de los personajes y que va a pasar con ellos. El trasfondo social es algo que esta detrás de eso, adornando el argumento.
¿Entonces prefiere ser reconocido más como un director de historias humanas, o psicológicas, que un director social?
¿Puedo ser ambas cosas al mismo tiempo?, (risas). The Constant Gardener, es una película de corte político, sobre las industrias farmacéuticas explotando África, pero en realidad es una historia de amor. Cuando ves la película te interesas más en la historia de Justin y Tessa, en la psicología de estos personajes. Podría decir que me considero un director social, pero a la vez un director psicológico.
Ciudad de Dios fue la película que lo dio a conocer a nivel internacional, ¿cuando la filmó, pensaba que iba a tener esa repercusión?
Nunca pensé que Ciudad de Dios fuera a tener ese éxito a nivel internacional. Nunca he querido hacer una película de gran presupuesto. A raíz de ella me han invitado a dirigir en los Estados Unidos pero no me interesa por que me quiero quedar en Brasil. Ciudad de Dios abrió muchas puertas en mi carrera como director, eso tengo que reconocerlo.
Recientemente expresó que nunca iba a tomar la llamada de Hollywood, ¿por qué?
He recibido muchas ofertas para dirigir en Los Angeles, pero esas no son las historias que quiero contar. Quiero contar historias, hechas en Brasil, historias personales. ¿Por qué quisiera ir a LA a contar una historia sobre una mujer en Kentucky? Ese no es mi problema. En Hollywood todas las historias están contadas. Cuando veo una superproducción me aburro tremendamente por que siento que ya las he visto todas. Inclusive no voy al cine a ver películas que son hechas por los grandes estudios.
¿Qué pasó con Intolerance, el proyecto en el que estaba trabajando antes de empezar a rodar The Constant Gardener?
Intolerance era un proyecto que estaba trabajando cuando conocí a Simon Channing, el productor de The Constant Gardener. Es una historia que esta filmada en siete países diferentes, con una gama de personajes variados que están interrelacionados pero ellos no lo saben. Es una historia sobre el mundo como se está viviendo en estos momentos, contada de manera inusual en relación con todos los puntos que toca. Ahora que terminé con The Constant Gardener, voy a seguir trabajando en ella.
¿Y cómo llegó a The Constant Gardener?
Este proyecto iba a ser dirigido por Mike Newell, el que dirigió Cuatro bodas y un funeral. Él ayudó a desarrollar la historia pero fue invitado a dirigir la última película de Harry Potter, y tuvo que abandonar el proyecto. En esos días conocí a Simon (Channing), quien me dijo que en dos meses tenia que empezar a rodar la película y me ofreció el trabajo. Leí el guión, y al día siguiente le dije que era una historia muy interesante pero tenia otros proyectos en Brasil. Me pidió que solo me entrevistara con Ralph Fienes en Londres, sin ningún compromiso, y sin darnos cuenta empezamos a hablar de ideas y a trabajar en el rodaje.
¿Al rodar esta película, cuál fue el cambio interno como ser humano y como director?
Cuando me estaba preparando para rodar, leí bastante sobre las compañías farmacéuticas. Tessa el personaje principal, quien es asesinada en la primera escena, está trabajando en preparar un informe sobre las actividades ilegales de las farmacéuticas en África, y en un principio pensé: estas compañías nunca harían algo así! Pero empiezas a escuchar y leer historias, y te das cuenta que es verdad! Actúan para el beneficio de las corporaciones, y no les importa matar, y que gente muera alrededor del mundo.
Estoy casi seguro que esta historia puede pasar, y pasa, en la vida real. John LeCarre se basó en dos historias reales para escribir el libro que originó la película. Una historia que sucedió en Nigeria, y el caso de un científico canadiense que fue presionado y amenazado por las compañías farmacéuticas. Ambas historias las situó en Kenia. Estas compañías trabajan de esa forma en los países más pobres. Una píldora que cuesta $2 dólares, la venden por $26 dólares. Discuten el precio de las medicinas con el gobierno de cada país para saber cuanto el gobierno puede pagar, y no cuanto puede pagar cada habitante. Lo que producen es para salvar vida, y por eso saben muy bien que cualquier persona está preparada para pagar lo que sea por ese producto. Ellos están muy claros en ese aspecto. Por eso esta es una historia sobre la explotación los países pobres por parte del mundo desarrollado, sobre los estragos que causa la epidemia del Sida en África, y como las compañías farmacéuticas se aprovechan de esta situación
¿Cómo fue la elección de las locaciones para la filmación?
Se filmó en locaciones naturales. La primera opción fue ir a Sur África y construir una barriada pobre idéntica a una en Kenia. Después de visitar Nairobi, decidimos filmar allí por lo impactante de las imágenes. Así es Nairobi realmente, como se ve en la película. Es como un documental, por que los actores estaban entre gente real, en edificios y hospitales reales, y creo que eso es lo mejor de la película. Lo que se ve de África, que no es solo animales y paisaje, sino gente que vive en completa miseria allí.
¿Realizó algunos cambios estructurales en el guión debido a los resultados de la investigación sobre el tema?
Hice bastantes cambios. En la adaptación inicial del libro, la mayoría de personajes eran Británicos y muchas cosas sucedían en Londres. Sacamos muchos de estos personajes, y lo situamos más en Kenia, viendo la situación desde el punto de vista la gente de Kenia, de los que están sufriendo el abuso del primer mundo. Viniendo de un país del tercer mundo como Brasil, necesitaba resaltar más este punto de vista. En el libro de LeCarre, el gobierno y la gente de Kenia son corruptos, el país no tiene esperanza, es verdaderamente deprimente. En la película se ve un punto de vista más humano, el punto de vista de los que están padeciendo esta situación.
Brasil, el único país de Latinoamérica que produce antiretrovirales a menor costo para su población afectada por el Sida, ¿basado en la experiencia de filmar esta película, cree que el primer mundo está haciendo suficiente para lidiar con esta epidemia?
En cuanto al Sida, si ves los números para el futuro por supuesto que no estamos haciendo suficiente. Estamos muy lejos de hacer suficiente, y vamos camino al desastre. En veinte años África y un tercio de la población mundial va a estar infectada con el virus del VIH. El Brasil el tratamiento mensual para el Sida cuesta $2 dólares, y en África el mismo vale $26 dólares mensuales, donde nadie tiene para pagar por él. Por eso es que en este momento no hay esperanza allí.
Para el resto del mundo la historia es similar. Los países ricos cada vez son más ricos, y los países pobres cada vez son más pobres. Por eso es que todos los países están cerrando sus fronteras, y vamos a terminar viviendo en dos planetas diferentes, el de los ricos y el de los pobres. África es un gran problema, pero a nadie le interesa por la sencilla razón que no hay dinero allí. Inclusive en Suramérica, lo que en Brasil pagamos en intereses anuales por la deuda externa, nunca nos va a dejar pensar en el futuro. Es una deuda que nunca terminaremos de pagar, y por eso no habrá dinero suficiente para construir escuelas, hospitales, que es lo que más se necesita.
JB®
Foto Meirelles: José Bayona. Promoción / Focus Features.