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My articles / Mis artículos > Ahorrando para la universidad.

Ricardo Torres es maestro y trabaja para la ciudad de Nueva York en el área de educación infantil. Todavía no ha cumplido 30 años pero ya tiene acumulada una gran deuda en préstamos estudiantiles, y destina gran parte de sus ingresos para reducirla poco a poco.

Sus padres Teo Torres y Luz Barón, quienes emigraron de Colombia a Nueva York a principio de los años 80, no quieren que Violetta, su hija de 13 años, también se endeude por el resto de su vida. Por esta razón abrieron hace cinco años una cuenta de ahorros en el Chase Bank, para cuando ella ingrese a la universidad en un futuro próximo.

“Nuestra meta es que con los ahorros le podamos pagar la mitad de sus estudios universitarios y la otra mitad sea financiada con becas otorgadas por su alto nivel académico”, dice Luz, quien a diario inculca en Violetta la importancia del alto rendimiento en su escuela (de las Naciones Unidas en Jamaica State Queens).

A simple vista parece un buen plan, pero cuando lo pusieron en marcha, los Torres -quienes pagan un promedio de 20 mil dólares al año por la educación de su hija-, ignoraban que existen otras maneras más convenientes de ahorrar para la universidad.

DIFERENTES PLANES.

El caso de los Torres es bastante común. “Muchos de nuestros clientes son hispanos y piensan que la cuenta de ahorro es la mejor opción. Estas cuentas crecen a un 1% ó 2% por año, mientras que los costos de las universidades lo hacen a un 5% ó 6% por año”, explica Agustín Hernández, asesor financiero del JP Morgan.

Hernández, de amplia experiencia con clientes hispanos, recomienda opciones más especificas, como el fondo de ahorro para la universidad llamado Plan 529, las cuentas de ahorro Ugma/Utma, y las cuentas de ahorro para educación Coverdell.

Estos planes ofrecen diversas ventajas de tipo fiscal. Lo más importante es saber cuál de los diferentes planes es el que mejor se adapta a su situación.

Según este asesor, “El plan 529 en comparación con las cuentas Ugma/Utma, y la Coverdell, es mucho más atractivo cuando no se tiene capital en un principio, ya que se puede abrir con solo $250 dólares, y un aporte mensual de $50 dólares como mínimo”.

Otra de las ventajas del plan 529, es que cualquier miembro de la familia puede aportar a la cuenta y deducirlo de sus impuestos. “En la familia latina es común ver a los tíos, primos, abuelos, ayudando a la educación de los miembros más jóvenes. Al aportar a la cuenta ellos también pueden ser beneficiados a fin de año en su declaración de impuesto”, aclara Hernández.

Cuando los planes familiares cambian, el plan de ahorro no se pierde. “Si los padres han abierto una cuenta del plan 529 a nombre de un hijo, y el mismo decide no ir a la universidad, este fondo puede ser transferido a otro de los hijos”, afirma Hernández. “Los padres son los únicos autorizados a transferir el dinero o retirarlo, lo que no se puede hacer en los otros tipos de ahorro estudiantil”.

El plan 529 también está pensando para situaciones como la que podría enfrentar la familia Torres, si Violetta tuviera que solicitar ayuda financiera. A la hora de decidir sobre el préstamo estudiantil, la entidad que lo otorga tiene más en cuenta el ingreso de los padres, que el capital que poseen.

“Cuando los padres invierten mayor cantidad de dinero en una cuenta de ahorros del plan 529, antes de pagar los impuestos anuales, este dinero no es contado como ingreso sino como capital, lo que le aumenta las posibilidades al hijo de recibir ayuda financiera si la necesita”, dice Hernández.

INVESTIGAR Y EMPEZAR TEMPRANO.

Muchas de las dudas que enfrentan los latinos que emigraron a este país buscando un futuro mejor para sus hijos, se pueden resolver investigando con tiempo sobre las opciones que existen. Estas están disponibles inclusive para aquellos que tienen poca capacidad de ahorro, ya sea por sus ingresos o por los altos costos de la educación de sus hijos, como es el caso de los Torres.

“Lo que recomiendo a personas que no tienen dinero sobrante, o de bajos ingresos, es que abran una cuenta de ahorro y cuando tengan mil dólares, se pasen a un plan de ahorro como el 529”, sugiere Hernández, quien además resalta, que la diferencia entre alguien que tiene un diploma de escuela superior y alguien que tiene uno de universidad, son $60,000 dólares de ingresos al año.

Y en el fondo “La clave es empezar temprano el plan de ahorro. Los padres piensan en ello cuando al hijo le falta poco para graduarse de escuela superior, y al final tienen que acudir a los préstamos estudiantiles”.

Algo para sentarse a pensar, y empezar a ahorrar desde ya!.

Si desea contactar al especialista Agustín Hernández puede hacerlo a la oficina del Chase localizada en 3940 Broadway (165 & Broadway), en el alto Manhattan, o al teléfono 212 740 4396.


*Artículo escrito por José Bayona. Editado por Rodolfo Quebleen y Carlos Rodríguez de Hora Hispana.

fotos: Federico Rodríguez y José Bayona.

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