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Pablo Cabrera vive en Nueva York desde hace 35 años, pero fue en su natal Puerto Rico en la década del 60 donde inició su carrera artística.
Autor y director de éxitos teatrales como “La verdadera historia de Pedro Navaja”, producida la ultima vez en Puerto Rico con Gilberto Santa Rosa en el papel de Pedro Navaja, y “Quién mató a Héctor Lavoe” protagonizada por el puertorriqueño Domingo Quiñones, permaneciendo en cartelera en Broadway por varios meses, Cabrera es además director de ópera, pasión que comparte con el teatro.
Graduado de la Academia Nacional de Teatro y del Centro Experimental de Cine en Italia a finales de los años 50, Cabrera regresa a Puerto Rico para establecerse en la escena cultural de la isla.
“Mi primer gran montaje fue “La Farsa del Amor Compradito” de Luis Rafael Sánchez, que se hizo en esa época como zarzuela, con música de Amaury Iberai, obteniendo excelentes críticas”.
“Poco tiempo después el festival de ópera ‘Casals’ en San Juan, me invitó para dirigir Don Giovanni de Mozart, siguiéndole operas de Verdi, Puccini, y Strauss en escenarios de Puerto Rico, Santo Domingo, y Nueva York”.
PUERTO RICO Y NUEVA YORK, LO MEJOR DE LOS DOS MUNDOS
Emigrar a Nueva York nunca estuvo en los planes de Cabrera. En 1969 Miriam Colon con su “Teatro Rodante”, lo invita a dirigir “La antología del cuento puertorriqueño” y “La pasión según Antigona Pérez”, con escenografía de Peter Schaffer y vestuario de Cristina Gianini, para ser llevado durante el verano a los distintos condados de la ciudad.
“Al año siguiente fui invitado a ser profesor de teatro en Hostos Community College en el Bronx por un año y me quedé 30 años. Allí empezamos con un taller de teatro y evolucionó a la compañía de Repertorio de Hostos, con la que ganamos varias veces el ACE por dirección, actuación y producción”, dice Cabrera.
Pablo decidió retirarse de Hostos en el año 2001 para adelantar proyectos personales entre los que se cuenta remontar “La verdadera historia de Pedro Navaja” en Puerto Rico, pieza que en su estreno inicial en la isla estuvo dos años en cartelera.
“En octubre voy a dirigir una pieza teatral puertorriqueña basada en el pirata Cofresí, que se llamara “Cofresí” con música de Rafael Hernández”, agregando, “en esta profesión uno no tiene muy claro que es lo que va a hacer en los próximos meses, pero proyectos siempre hay para hacer”.
HACER TEATRO, UN COMPROMISO ARTÍSTICO
Cabrera con más de cuatro décadas en las artes escénicas, siente preocupación por la situación teatral en la isla debido a las limitaciones que tienen los productores locales a la hora llevar a cabo espectáculos que exigen mucho esfuerzo y entrega, para estar tan poco tiempo en cartelera.
“Existen muy pocos teatros en Puerto Rico y todos son auspiciados por el gobierno y regidos por montones de leyes. A ningún grupo le dan más de dos semanas para las presentaciones, y así es muy difícil para un productor arriesgar. Si un productor no gana, no invierte más, por lo tanto se quedan sin trabajo actores, escenográfos y directores”.
“En la isla tenemos excelentes artistas teatrales y se hace mucho teatro pero no hay como mostrarlo. No existen condiciones para desarrollar un movimiento escénico fuerte. ¿te imaginas el trabajo que pasa un actor creando un personaje para seis funciones?”, se pregunta a manera de reflexión este veterano director.
Pablo es de los que cree que al publico hispano tanto de aquí como allá, hay que ofrecerle un teatro que entre por los ojos, es decir con valores de producción que se reflejen en un buen texto, buenos actores y escenografías atractivas, pero para ello además de recursos económicos se necesita una generación de teatreros que estén comprometidos con el hecho artístico.
“Constancia es lo que se necesita. Que la nueva generación tome las riendas y haga teatro de forma constante. Pregones en el Bronx, es muy constante en su trabajo y ya van a tener su propio teatro. IATI y Circulo van a compartir un espacio en el bajo Manhattan”.
“El mejor lugar de la ciudad lo tiene el Teatro Rodante en la calle 47, pero a veces está cerrado o alquilado a otras empresas. Lo ideal seria que ahí hubiera continuamente teatro en español”, explica Cabrera.
EN BUSCA DE LA UNIÓN
El deseo más imperante para este creador escénico es que el teatro hispano en la ciudad crezca y llegue un momento que exista un teatro de 500 butacas o más, donde se hagan obras en español que duren largas temporadas como en Broadway.
“Aquí lo que pasa es cada uno de nosotros queremos tener nuestra propia compañía. Es mejor unir esfuerzos a ver si se logra un teatro en español sólido, a la altura de cualquier teatro de Madrid, México ó Buenos Aires, en esta ciudad donde viven cientos de miles de hispano parlantes”.
“En Washington lo acaban de lograr con el Tivoli, el primer teatro latino de la nación. ¿Por qué aquí en Nueva York no?. Hay que hacer para un lado los egos, y eso le corresponde a todos aquellos de la nueva generación que están comenzando. En la unión está la fuerza”.
JB® Fotos: Ramón Albino.
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