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My articles / Mis artículos > De Boyá al Alto Manhattan

La inmigración dominicana ha sido una de las que más ha influenciado las costumbres y vida de los latinos viviendo en los Estados Unidos. Ello se debe no solo a la fuerza con que se han implantado y mantenido sus raíces a lo largo y ancho del país, sino a la perseverancia para superar las adversidades, y labrarse un mejor futuro.

Muestra de esto son los dominicanos Claudio y Carmen Hernández, quienes con espíritu y tesón, han logrado mantener una independencia económica a base de lo que algunos llamarían la “estrategia de las ardillas”, que es ahorrar en la sequía de verano para cuando lleguen las nieves del invierno.

Claudio arribó a Nueva York en 1967 cuando contaba con apenas 20 años. “Vine de paseo y decidí quedarme, y aun hoy día no me arrepiento”, expresa este nativo de Boyá, pueblo que según explica, queda cerca de Sabana Grande de Boyá, en Quisqueya.

“Empecé lavando platos, luego la vida de chofer, después superintendente de edificio, que fue la época en que llegó mi esposa para darme el empuje de comprar nuestro primer negocio, una licorería. Llegamos a tener dos licorerías”, recuerda.

Claudio y Carmen saben por experiencia que cuando se es dueño de negocio, se trabaja más que siendo un empleado. “Las obligaciones lo hacen a uno más esclavo”, concuerdan.

Después de vender la segunda licorería decidieron abrir una bodega. Con la experiencia en gerenciar pequeños negocios, y la inteligencia necesaria para no endeudarse con ningún préstamo bancario, los Hernández combinaron sus ahorros de vida con las ganas de gozar de un mejor futuro.

“Trabajamos bastante en la bodega, hasta consolidarnos. Decidimos venderla después de un tiempo ya que nos absorbía la vida entera y yo quería dedicarme a algo relacionado a la enfermería, que fue lo que estudié en la República. Ahí fue cuando entramos en el negocio de los productos naturales”, expresa Carmen.

RECOGIENDO LA COSECHA

Con un doctorado en Medicina Natural hoy día, Carmen Hernández ha podido saborear el fruto de 35 años de trabajo continuo en este país.

“Procreamos tres hijas, Julissa, Miosoty, y Sulanny. Las tres son profesionales y les hemos dado una buena educación. Miosoty es periodista en New Jersey, Sulanny es diseñadora, y Julissa es naturopata”, dice Carmen, criada en Sabana Grande de Boya, donde tuvo la suerte de conocer a Claudio quien la ha acompañado por más de 30 años.

Atrás quedó el pequeño apartamento del Bronx. Con el deseo tener un espacio más amplio se mudaron a New Jersey donde sus hijas tuvieron la oportunidad de una mejor educación, sin necesidad de apartarse de sus raíces.

“Desde 1992 estamos en este local de productos naturales atendiendo a la comunidad del alto Manhattan. Cuando alguien viene con una dolencia o un problema de salud, ahí estamos nosotros para ayudarlos”, aclara Carmen quien está al frente de uno de los dos centros de nutrición natural que los Hernández ofrecen al público.

“Tenemos mucho que agradecerle a nuestros clientes, y los planes son seguir trabajando para ellos hasta que no podamos más”, afirma. “No se si algún día regresemos a vivir en la República Dominicana, pero ha valido la pena haber venido aquí ya que gracias a Dios hemos logrado muchas de las cosas que siempre soñamos”.


JB®
Fotos: José Bayona.

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